K4

2023

Había que subir al segundo piso. Como era de esperar, el primero perdió algunos metros. No fue necesario detenerse en él, ni en lo que hay en lo que resta del terreno. Arriba quedaron unos 30 m². Alcanzaban para un monoambiente.
Pasando la pista, dicen que algún día habrá un parque. Por si acaso se abrieron dos quintos del frente. También se le dio algo más de altura. El sol entraba por ahí en la mañana. Fuerte, dependiendo de la ocasión. Se plantó un ficus en el jardín de la calle para en algún momento filtrarlo. Crece lento. No sé si fue buena idea un ficus. La naturaleza es impredecible. Y a veces vengativa. Mientras tanto, unas cortinas largas hacen lo que pueden.
Se dejó un alero. Hueco, para no faltar del todo a la norma. No cubre mucho. Creo que nada. Pero le da al frente algo que necesitaba: algo pequeño. Contrario a esa invasión del aire, la casa se fue corriendo hacia atrás mientras crecía.
Las paredes quedaron en cemento pulido. Era más simple dejarlas así. Un tejido de ladrillo caravista atenúa los rayos y también las miradas. Hay un paradero de mototaxis al frente de la calle. Y con eso bastaba. Por otro lado, poco se podía hacer contra el viento y la arena de esa zona periférica de Nuevo Chimbote. Su cercanía al mar las vuelve intratables en algunos momentos del día y del año, que no son pocos.
El monoambiente terminó siendo un dúplex. El segundo piso nunca terminó de definirse. Por ahora tiene un estudio reducido e improvisado, un baño y una terraza a dos tiempos.
Los últimos techos se inclinaron por el sol y por las lluvias del verano. Una parte tiene estera debajo de planchas onduladas traslúcidas. Otra, planchas metálicas que descargan el agua en un tubo pintado de verde. Quedó un área sin techar. Cuando llueve, el agua se empuja con escoba hacia un tubo de PVC que la lleva al lavadero del primer piso. No siempre cae exactamente donde debería, pero funciona.
Más adelante se verá si ese tercer piso crece, se cierra con material noble o queda como está.

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