Casi-casa

2018

Primero el cerco de ladrillo, con columnas sin recubrir. Siempre parecían estar “en proceso”, un término elegante para decir que así se quedaron. Estaba bien para un terreno suburbano y sin vecinos a las afueras de Chimbote, de poco más de 90 m². Después, maderas rescatadas de una construcción antigua. Otras nuevas. Se pusieron todas juntas. Con eso se cubrió el ambiente del frente. Y un baño. Altos, por el calor. Atrás quedó un espacio amplio para los perros. En dos partes sin techar se puso carrizo. Filtraba la luz y dejaba caer un polvo fino que amanecía sobre el carro. Pudo hacerse de otro modo. Uno mejor.
Un marco de ventana grande, de madera, traído de otro sitio, entró en el vano principal como pudo. Conservaba sus vidrios. Lo restante se cerró con policarbonato y listones comerciales de pino. No todo coincidía. A nadie le molestó. La madera crujía en la noche. El grass no duraba. Durar no era el punto.
No hubo un día en que pudiera decirse que estaba lista. Pero ahí estaba.

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