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2022
Hay batallas que no es necesario empezar, como la del volado que quería el dueño. El cuarto del segundo piso ganó al menos unos 60 cm. Como para un ropero, un escritorio o solo para pasar. La fachada no tuvo más opción que terminar perdiéndose entre las de la cuadra. Eso la devolvió a su sitio y la alejó de las pretensiones del diseño. No le duró mucho. Al lado restante se colocaron ladrillos, dejando huecos, como puede verse con frecuencia en estos tiempos (en internet).
Dos ventanas al frente se redujeron casi al mínimo. Preguntaron por qué. Dije que la casa miraba al oeste. No insistieron, ni a favor ni en contra.
Era una casa para una familia común y corriente. No partía de cero, sino de un módulo previo con medidas ajustadas, en un lote de cinco por quince y muros de 10 cm de concreto.
Para ampliarla se empalmó lo existente con columnas y muros nuevos. Algunos de ladrillos, otros de drywall. No quedó una planta limpia. Quizás todo lo contrario. Retaceada. Tampoco, en lo estrictamente físico, en la experiencia constructiva, pudo ser algo pulcro. Hubo bastante ruido y escombro en la remodelación. Los vecinos se quejaban. No había más opción.
El primer piso llegó hasta la vereda. Unas macetas, protegidas por el volado, la invaden. Han amenazado con colocar más, en todo el frente. No me disgusta la idea. Algo de vida necesitan esas callecitas grises de asfalto y concreto. El carro quedó en la calle, como los de los vecinos. Se consiguió dos habitaciones en la primera planta. Al día de hoy todos los ambientes iluminan y ventilan de manera natural, a pesar de que no nos detuvimos demasiado en el número exacto del área libre.
Como el espacio era estrecho y se pensaba alquilar el segundo nivel —hay universidades cerca en este lado de Nuevo Chimbote—, se insertó una escalera angosta junto al ingreso. Lo suficiente para subir. En el segundo piso se terminó una habitación y un baño. El baño tiene luz cenital, y es un poco más alto. No hay un motivo particular para ello. Lo demás se dejó para más adelante. El espacio del frente (que ya se renta) se convertiría luego en social. Atrás estarían los cuartos: dos.
La escalera continúa, gira en U y llega al tercer piso, acompañada de bloques de vidrio y barrotes de acero. Hoy funciona allí la lavandería y queda un espacio que podría convertirse más adelante en otra habitación con baño, o dos, o en un tercer departamento. Dependerá de con quien convenga vivir. Quizás es más tranquilo alquilar a familias que a estudiantes. Ya se verá. No sé si yo termine interviniendo en esa decisión.
Por ahora es un lugar para estar, con grass sintético y una cobertura de aluzinc 60 cm por encima de un muro de metro y medio. El techo inclinado de la lavandería retumba con el viento de la tarde y parece que en cualquier momento saldrá volando. Planchas de OSB ayudan a ocultar la ropa tendida. Hay que limpiarlas constantemente. Hay arañas. Hay fierros visibles. Hay que protegerlos. Los tubos bajan y suben expuestos, atravesando y burlando ductos de drywall: lluvia, desagüe, ventilaciones pintadas. Si las tripas están ahí, hacen bien en notarse.
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